LA UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA FORMA PROFESIONALES DE ALTO NIVEL DE EXCELENCIA EN LAS DIFERENTES DISCIPLINAS DEL MUNDO ACADEMICO PROFESIONAL, EMERGIENDO EL TRABAJO SOCIAL COMO UNA CARRERA DE VANGUARDIA Y PROYECCION...

lunes, 16 de julio de 2007

lA PROFESIONALIZACION DEL TRABAJO SOCIAL EN VENEZUELA


La creación de la ETS/UCV, significó no sólo la legitimación e institucionalización del trabajo social como oficio/profesión, sino, paradójicamente, la instauración pragmática de dos niveles de capacitación que perduran desvinculados sin solución de continuidad: uno, para estudiantes de secundaria que hasta finales del decenio de los ochenta escogían, sin acepción de sexo, la mención de técnico en servicio social asistencial en el título de bachillerato; el segundo, universitario de licenciatura en trabajo social[7].
En 1959, se creó en la Universidad Católica Andrés Bello (privada), la Carrera de Servicio Social, la cual fue clausurada posteriormente por inopia de estudiantes[8]. En el ámbito estatal, la Universidad de Oriente en el estado Sucre creó en 1968 el Departamento de Trabajo Social, adscrito a la Escuela de Ciencias Sociales, y en 1977 se aprobó la creación de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Zulia, adscrita a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, la cual venía funcionando desde 1972 en la Facultad de Medicina.
La universitarización de la formación de trabajadores sociales a partir de 1958, marcó un hito crucial en Venezuela que significó un cambio de gran valor socioinstitucional; asimismo, implicó la necesidad de construir una plataforma cualitativamente superior al proceso pedagógico preuniversitario seguido por la ENSS. No obstante el incremento de su prestigio, los trabajadores sociales comenzaron a perder organicidad con los aparatos de política socioasistencial.
Ateniéndonos a los pocos textos existentes, habida cuenta de la escasa producción intelectual de los trabajadores sociales venezolanos, dicha construcción fue una tarea para la cual la planta profesoral y directiva de la ETS/UCV, egresados de la Escuela Nacional de Servicio Social, obviamente no estaban habilitados. Por tal motivo el plan de estudios por ellos propuesto y posteriormente ejecutado, reprodujo el de la formación técnica preuniversitaria. Sólo unas pocas materias ostentaban matices propios de una universidad creadora y académicamente suficiente (Méndez, 1986:80)[9].
Evocando este pasado, las siguientes dos representaciones sociales, nos dicen que
· “...las limitaciones cognitivas y formativas determinaron una hibridación que hizo de las primeras generaciones de licenciados técnicos ampliados, atrapados por la visión microcósmica y casuística de la asistencia social, pero no profesionales seguros de su cientificidad y orgullosos de su título universitario”.
· “Como no habían licenciados, los directores de la Escuela fueron médicos y economistas hasta el inicio de los 70 y aún de los 80, y para dar la licenciatura se trajo personal extranjero y esperar a que algunas pocas pioneras regresaran con su título universitario otorgado en los Estados Unidos”.
En esencia, de lo que se trataba era de una tensión crucial entre dos niveles de capacitación y de práctica de la profesión, ambos complementarios pero asumidos como antagónicos por moros y cristianos. Por un lado, el tradicional que magnificaba la sustantividad inherente a la resolución -institucionalmente funcional al nuevo sistema político democráticorrepresentativo que se estaba implementando- de los problemas que adolecían los carenciados, es decir, aquellos clasificados como propios de un trabajo social que sólo adquiría sentido en y a través de los servicios institucionales de asistencia y bienestar social.
· “...la funcionalidad estaba más bien referida al posgomecismo (años 36 a 45), menos a la denominada Revolución de Octubre betancurista que derrocó al General Medina (1945-48) y, mucho menos, al régimen adeco (socialdemócrata)-copeyano (socialcristiano) (1958-1998), decididamente anticomunista y anticontestatario popular pues el proyecto político privilegiaba a la clase media”.
· “Para quienes siguen creyendo que el objeto del trabajo social es la asistencia o bienestar social, el pasado es mejor que cualquier presente pues allá está la época de oro de las pioneras y egresadas de la antigua Escuela Nacional.
· “...lo que fue Asistencia con mayúscula, se transformó en asistencialismo: una actividad residual pero funcional a un complejo estado de bienestar cuya creciente burocracia nos marcó la vida como profesionales de segunda categoría”.
Por otro lado, el desarrollista reputado como moderno, apropiado por los docentes universitarios y reproducido por amplios sectores de sus alumnos, referido a la transformación de las estructuras de explotación que –según los esquemas analíticos de la época- determinaban el sistema de carencias de las clases populares al margen del conocimiento de las necesidades de las clases dominantes.
· “El rechazo al asistencialismo llevó a despreciar la formación técnica. El servicio social en tanto asistencialismo como fase superior de la caridad y la beneficencia, significaba un pasado incómodo. El sociologismo como cientificismo y éste como antisicologismo, comenzó a campear en la formación universitaria.”
· “Uno de los mitos que hemos interiorizado como falsa conciencia es la creencia de que en Venezuela hubo una corriente crítica, revolucionaria o transformadora que se enfrentó a una modernizadora. No, aquí sólo ha habido una tradicionalista asistencialista y una del cambio de estructuras que fue la realmente modernizadora dentro de los límites del estado de bienestar; ambas desvinculadas de las instituciones estatales y sociales”.
· “Si algo se cambió o modernizó en las estructuras del estado y si actualmente algo se está posmodernizando, viene sucediéndose sin nosotros, pues nunca hemos ocupado altas direcciones en la sociedad ni en la administración pública.”.
Pero, fundamentalmente, en nuestro criterio, de lo que se trató fue de un desfase[10] entre dos imaginarios: por un lado, el positivo-empirista de las pioneras que, academizadas por decreto ejecutivo fueron formadoras de las primeras camadas de trabajadores sociales y trabajadoras sociales, y, por otro lado, el de la teoría y la práctica del cientificismo academicista para el cual “la” ciencia, en su versión marxista-positivista, prevalecía sobre la “técnica”.
En el sentido anterior, el problema de si el trabajo social era ciencia o técnica pareció estar definitivamente resuelto a favor de los licenciados mientras que, para los técnicos preuniversitarios la transustanciación bautismal por parte de “la” ciencia continuaba –tanto como hoy- siendo esperada sin solución de continuidad.
· “El desprecio de los licenciados por los técnicos ha sido una constante en la desintegración de nuestro gremio, al extremo de que son dos prácticas profesionales distintas, dos trabajos sociales diferentes. Esta situación llegó al extremo de que la ETS/UCV, nos negó rotundamente el acceso a los estudios de licenciatura, lo cual viene siendo enmendado desde hace unos años por la del Zulia”.
· “Lo que más nos ha marcado a los técnicos ha sido la falta de reconocimiento por parte de los académicos; en especial de algunas lumbreras; es como si para ellos no existiéramos. Desconocen que hemos sido más eficientes en nuestras luchas gremiales que los licenciados”.
Contextuando el desfase aludido –nos parece, evocando a Bagú (1970)- que éste estaba determinado por una discontinuidad de sentido entre tres tiempos sociales que parecían corresponderse con la discursividad de tres realidades co-constitutivas de la configuración social venezolana: el tiempo social del statu quo o stablishment, el tiempo social de las clases sociales sujetadas a la carencia y a la exclusión, y el tiempo social de la universidad, cuyo saber tiende, al decir de Lacan (Roudinescu, 1994:504), a sustituir a la Iglesia.
Por lo tanto, podemos afirmar que la formación de los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales hasta el presente, continúa enclaustrada en el tiempo social de la academia, mejor dicho, en las contradicciones y antagonismos de las prácticas y discursos academicistas, pero ostentando rasgos empiricistas y practicistas tal como lo significa la siguiente representación social:
· “El trabajador social venezolano sabe que no ha tenido ningún empeño en escribir ni sistematizar experiencias; es un consumidor de conocimientos mas no productor de ellos...es como si ante esta situación no se inmolara ninguna célula de su cuerpo para decir que lo va a intentar”
El sentido de esta representación social es similar al de la afirmación de Martínez (1975:182, 202, 216, 218), cuando ésta veintiocho años antes y olvidando su crítica al positivismo originario de la formación –orientada a la solución de problemas- de las primeras generaciones de trabajadoras sociales, le reprochaba a la ETS/UCV, no la secular insuficiencia de su producción de conocimientos, sino, su inefectiva contribución práctica 1) a la capacitación de los “cuadros” que estaba exigiendo el país; 2) a la trasmisión del “compromiso” a los estudiantes para asumirse como “agentes dinámicos del cambio sociocultural” y eficientes colaboradores con equipos interdisciplinarios; ello, a los efectos de participar, por un lado, en “la aplicación de programas sociales útiles a la cohesión orgánica, funcional, ideológica y política del pueblo”, y, por otro, en “labores planificadas dirigidas a crear el Estado de bienestar que”, en el decenio de los setenta del siglo pasado algunos sectores sociales “busca(ban) para la sociedad venezolana”.